CONDUCTAS REPRODUCTORAS

 

INTRODUCCIÓN GENERAL
 

Las conductas reproductoras son las conductas orientadas a producir y permitir el desarrollo de descendientes capaces de reproducirse. Desde esa definición, y puesto que desde una perspectiva evolutiva ésa es la única finalidad y la única trascendencia de la vida de todos los seres vivos, las conductas reproductoras podrían ser todas las conductas. Ahora bien, en este tema se tratarán únicamente las conductas más directamente orientadas a la reproducción, que son la conducta sexual y la conducta parental. Todos los mamíferos y la inmensa mayoría de los animales se reproducen sexualmente, que quiere decir que cada nuevo individuo tiene un genotipo heredado en un 50% de un progenitor y en otro 50% del otro progenitor, lo cual tiene la gran ventaja evolutiva de la variabilidad genética entre individuos. A cambio de esa ventaja, el sexo y la reproducción sexual implican también complicaciones enormes, no sólo emocionales, por ejemplo el desarrollo desde la concepción hasta la madurez de dos sexos diferentes incluyendo el desarrollo de los órganos sexuales, el sistema nervioso y la conducta.
 

Por último, aunque la conducta sexual surgió en la historia evolutiva ligada a la reproducción, en algunas especies, como la humana, la conducta sexual no está sólo orientada a la reproducción sino que es principalmente una conducta social.
 
 

 

El desarrollo sexual
 

Para el estudio del desarrollo sexual es necesario tener algunas nociones sobre meiosis y fecundación y también sobre hormonas gonadales e hipofisarias. Con estos conocimientos en la memoria de trabajo, habría que incluir a continuación también la siguiente idea: el desarrollo de un macho o de una hembra es el resultado de varios pasos que, normalmente, llevan de unos a otros de forma que un macho genético (XY) es también un macho hormonal y genital que se comporta masculinamente y se siente sexualmente atraído por hembras. Lo mismo, pero simétrico, ocurre normalmente con las hembras genéticas (XX). Ahora bien, se debe comprender que cada paso del desarrollo sexual actúa sobre mecanismos fisiológicos operativos en principio para conducir a ambos sexos y que, en consecuencia, puede ocurrir que algunos de los pasos conduzcan en la dirección menos frecuente y, así, dependiendo del momento en el que el cruce se haya producido, machos genéticos tengan algunos rasgos fenotípicos (o el fenotipo completo) de hembra y viceversa.
 

A continuación hay que ponerse a leer con la intención decidida de comprender y ser capaz de explicar cada uno de esos pasos e ir pensando en las direcciones a las que pueden conducir: a la más frecuente (coherencia entre el genotipo y los rasgos fenotípicos habituales) y a las menos frecuentes.
 

Por ejemplo, ¿qué sucede si un macho genético XY, cuyos testículos funcionan normalmente, no sintetiza receptores de andrógenos? ¿qué sucede si una hembra es expuesta a elevadas concentraciones de testosterona durante la época perinatal?
 

Control hormonal de la conducta sexual
 

En el apartado anterior se han estudiado los pasos que la naturaleza ha previsto para formar una hembra y un macho, y aquí se va a estudiar cómo esos procesos de diferenciación sexual afectan también al comportamiento. El apartado se divide básicamente en dos bloques: la diferenciación de la conducta sexual en animales, principalmente ratas, y la diferenciación de la conducta sexual en humanos. Ahora bien, el proceso de diferenciación sexual tanto del sistema nervioso como de la conducta (los procesos que conducen a que los dos sexos tengan diferencias en el sistema nervioso y en la conducta) se explica en la actualidad por una teoría muy poderosa que es sobre la que gravita todo lo que se cuenta en este epígrafe: la teoría de los efectos organizadores de los andrógenos, principalmente de la testosterona, sobre el SNC y la conducta, propuesta en 1959 por Phoenix, Goy, Gerall y Young. La teoría, como probablemente ya sabe, predice que la presencia perinatal de testosterona (el principal andrógeno involucrado en este proceso) moldeará de forma irreversible el sistema nervioso para que funcione como masculino. En ausencia de testosterona en la época perinatal, el sistema nervioso se moldeará de forma irreversible para funcionar como femenino. Esos son los efectos organizadores de los andrógenos. Posteriormente, una vez alcanzada la madurez sexual, la conducta sexual y otras conductas sexualmente dimórficas serán activadas de forma temporal y reversible por diferentes hormonas; normalmente los andrógenos activan los comportamientos masculinos actuando sobre sistemas nerviosos organizados como masculinos y los estrógenos y la progesterona, actuando sobre sistemas nerviosos organizados como femeninos, activan los comportamientos femeninos. Puesto que las hormonas gonadales tienen efectos organizadores y activadores, al explicarse en el texto tanto la conducta sexual de la rata o el ratón como de los humanos, se consideran ambos tipos de efectos, y el estudiante debe tener claro si lo que en cada momento está tratando son efectos organizadores o activadores.
 

Finalizamos con el estudio de los datos que sugieren que la orientación sexual en humanos correlaciona con la morfología de determinadas estructuras cerebrales. La orientación sexual, esto es, el sexo de la/s persona/s con la/s que se prefiere/n tener relaciones sexuales, es la principal característica sexualmente dimórfica del comportamiento sexual humano. Como se sabe, la mayoría de las personas (entre el 90% y el 95%) en el occidente actual prefieren tener relaciones sexuales con personas del otro sexo, es decir, son heterosexuales, así que lo que diferencia mayoritariamente a los hombres y a las mujeres en lo que a comportamiento sexual se refiere es que las mujeres prefieren mayoritariamente hombres para mantener relaciones sexuales y los hombres prefieren mujeres. Bien, eso es importante porque los modelos de estudio de la diferenciación de la conducta sexual en animales estudian principalmente las posturas y conductas típicas de cada sexo (lordosis, montas, intromisiones y cosas por el estilo), pero no existen modelos claros de orientación sexual en animales (suponiendo que tal cosa tenga sentido en especies subprimates en las que, como la rata, la conducta sexual está exclusivamente ligada a la reproducción y circunscrita al momento de la ovulación).
 

Control neural de la conducta sexual
 

Este epígrafe explica las estructuras nerviosas de cuya integridad depende la conducta sexual en ambos sexos. La mayor parte de los datos que aparecen en esta sección proceden de estudios con animales, y de ellos se desprende que la conducta sexual masculina depende de unas estructuras nerviosas determinadas y la femenina de otras. Además, resulta que muchas de las estructuras que en un sexo subyacen a la conducta sexual son sexualmente dimórficas, es decir, que son de forma diferente en cada sexo. El núcleo sexodimórfico del área preóptica, por ejemplo, es mayor en machos que en hembras, y resulta que es un núcleo que participa en la conducta sexual masculina. Es lógico que sea sexodimórfico, porque la hembra no muestra conducta sexual masculina, o la muestra con una frecuencia mucho menor que la que muestra el macho.
 

Conducta maternal
 

Este epígrafe explica el modelo experimental de estudio de la conducta maternal en ratas y no tiene mayor misterio.
 
 

DIFERENCIACION SEXUAL
 
A las 7-8 semanas, las células de Leydig comienzan a secretar la testosterona que actúa sobre el conducto de Wolff para producir el desarrollo de los genitales internos y externos en el varón. Si a las 9-10 semanas de gestación todavía existe ausencia de hormona inhibidora de conducto de Müller y ausencia de testosterona, éste se transforma en los genitales femeninos.
 
Diferencias conductuales entre los sexos

  • Mayor habilidad verbal en niñas (transferencia de información más rápida entre los hemisferios).

  • Mayor habilidad viso-espacial en varones (por un gen recesivo ligado al sexo y la especialización de los hemisferios).

  • Superioridad en habilidad matemática de los varones.

  • Mayor agresividad en los varones.

 
 
Neurotransmisores

  • Sexo femenino: la serotonina y la dopamina inhiben la conducta sexual. La pentaclorofenilananina y la pimocida la aumentan por tener efectos antagónicos a cada neurotransmisor.

  • Sexo masculino: la serotonina inhibe la conducta sexual; los fármacos que la inhiben facilitan la conducta sexual sólo en presencia de testosterona. La dopamina tiene efecto estimulante en el hombre; la L-DOPA puede llevar a hipersexualidad. Las anfetaminas fomentan la actividad sexual por su efecto sobre la dopamina y la noradrenalina.

 

DATOS BIBLIOGRÁFICOS DE INTERÉS
 

Simon Le Vay: El cerebro sexual, Alianza, Madrid, 1995.
 

En esta obra, escrita por un neurobiólogo muy importante, se describe el desarrollo sexual enmarcándolo en la teoría evolutiva y proyectándolo hacia cuestiones tan difíciles como la orientación y la identidad sexual en humanos. En doscientas páginas muy amenas se explican y se especula acerca de cada uno de los aspectos que se han estudiado en este capítulo. Muy recomendable.
 

David Crews: Sexualidad animal. Investigación y Ciencia, Marzo 1994.
 

En este artículo de siete páginas se describe y se intenta trascender la hipótesis organizacional, que funciona bien para explicar el desarrollo sexual en mamíferos, para proponer un esquema más general de desarrollo y evolución del sexo aplicable a todos los vertebrados. Este artículo también puede encontrarse en la obra Psicología Fisiológica, Libros de Investigación y Ciencia, que forma parte de la bibliografía general complementaria de la asignatura.